Si no sirve, córtalo

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Tomar una decisión es de las cosas más difíciles que existen en esta vida. Algunas pueden parecer muy sencillas: qué tipo de pan quieres para tu Subway, la blusa rosa o la blusa azul, frío o caliente – que incluso para mí no lo son. Pero otras decisiones son un poco más grandes, más significativas, y son esas las que una vez tomadas, te permiten dar un paso más y crecer.

Algunos conocemos la parábola de la higuera que no daba fruto, esa que cuenta Lucas 13:6-7 (NTV) :

Luego Jesús les contó la siguiente historia: «Un hombre plantó una higuera en su jardín, y regresó varias veces para ver si había dado algún fruto, pero siempre quedaba decepcionado. Finalmente le dijo al jardinero: “Llevo tres años esperando, ¡y no ha producido ni un solo higo! Córtala, solo ocupa espacio en mi jardín”.

Luego, la higuera vuelve a aparecer en Mateo 21:18-19 (NTV)

18 Por la mañana, cuando Jesús regresaba a Jerusalén, tuvo hambre 19 y vio que había una higuera junto al camino. Se acercó para ver si tenía higos, pero solo había hojas. Entonces le dijo: «¡Que jamás vuelva a dar fruto!». De inmediato, la higuera se marchitó.

Al principio no lo entendía. De hecho, por muchos años no lo entendí. ¿Por qué Jesús quisiera cortar algo que Él mismo había creado, siendo Dios?, ¿se enojó sólo porque no tenía higos?, y ¿por qué la maldijo diciendo que jamás volvería a dar fruto?

Y de pronto lo entendí: No fue porque Jesús hiciera un berrinche porque tenía hambre y no tenía que comer, fue porque era algo necesario.

Todo lo que se vuelve inútil, es decir, que no es de provecho o impide hacer algo de beneficio, necesita ser eliminado. Todo lo que no produce fruto, necesita ser cortado. Puede parecer algo duro, pero más real no puede ser.

De hecho, mi Iglesia es un lugar donde Dios suele enfrentarme con la realidad y el domingo pasado mi Pastor predicaba justamente de esto. Cortar en tu vida algo que te inutiliza o te deja impedido es sumamente necesario, pues en caso de dejarle espacio para seguir creciendo, la tierra también se hace inútil, infértil, no vuelve a producir. Se explica al final del verso 7 en Lucas 13: “Córtala, solo ocupa espacio en mi jardín”. 

¡Qué horrible vivir cargando con algo o alguien que sólo ocupe espacio en tu jardín!, algo o alguien que no produzca, que te impida continuar. Pero qué difícil también, cortar una planta que ya echó raíz en tu jardín. Y las raíces comúnmente se agarran con fuerza, no se van a querer ir, es su tierra, es donde estuvieron plantadas por años, donde crecieron y donde tienen su espacio ya bien conocido y delimitado.

Cortarlas es toda una decisión, y no de las sencillas como elegir tu pan en Subway. ¿Duele? Tal vez, pero como hoy le decía a un buen amigo: es mayor el tiempo de la satisfacción que te produce haber tomado una decisión que te permitió liberarte y crecer, que el tiempo que dolor que te produce cortar eso que no te deja crecer.

Yo tomé una decisión. Para mí, seguir a Jesús implica cortar con todo lo que me impide crecer y acercarme a Él, implica eliminar todo lo que me impide dar un buen fruto, implica sacar de mi jardín lo que sólo ocupa espacio, lo que no produce y las raíces que con fuerza se estaban apropiando de mi tierra.

¿Hoy existe alguna decisión que tengas que tomar?, ¿hay algo que está ocupando espacio en tu jardín?, ¿qué te detiene?, ¿qué te impide crecer? Cualquier algo o alguien que se interponga en tu propósito, si no sirve, córtalo.

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22 Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos. Mateo 8:22 (RVR1960)

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