L’art c’est l’azur

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El otro día, leyendo decididamente un pequeño libro de Rubén Darío, Azul, comencé -raro en mí, a leer el prólogo de la obra, el cual me cautivó inmediatamente. Lo cierto es que, este excitante prólogo de 50 páginas me tenía tan inmersa en su prosa que de pronto olvidé que mi decisión había sido leer todo el libro, y me enamoré de los versos que el autor había escrito cuidadosamente, antes que de las palabras elegantes, adornadas y tan exquisitas de Rubén Darío.

En la vida a veces nos sucede así. La decisión de la obra maestra ya está tomada. Estamos destinados a cumplir nuestro propósito, pero muchas veces nos detenemos apenas en el prólogo, siendo cautivados por algunas páginas que -aunque parezcan muchas, son sólo una pequeña parte de los incontables versos, las letras nuevas y las exquisitas palabras que vienen unas hojas después.

La verdadera magia recae en estar conscientes y confiados de ese prometedor final. La constancia al pasar de una página a otra y la paciencia al hacerlo. Claro, no sin antes leer, entender y aprender del prólogo, el cual también es necesario no pasarlo por alto, para entonces tener lo que se necesita al momento de entrar al verdadero primer acto. Completar la obra maestra como tal.

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